PaBLOG Medrano
Inflando un poco los "blogos"…
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Mientras el sol dejaba ver sus rastas doradas detras de un par de nubes que la madrugada no se animaba a echar, el resoplido del freno de aire del ómnibus me susurraba en lo inconsciente de mi sueño que habíamos llegado a Río Cuarto.
Era el año 1989, y estaba por conocer parientes del campo de mi por entonces esposa, quien también presentaría a nuestro primer “peque” ante la familia.
Llegamos, y una terminal tipo galpón, antigua, con algo de arena, algo de tierra y mucho sonido pueblerino (a pesar de ser muy ciudad), nos recibió y acobijo mientras esperábamos la llegada de nuestros anfitriones.
Del montón de gente entrelazada en sus apuros matinales, se aproximaba un contingente de varias personas que comenzaban a dibujar en sus caras remolinos de sonrisas, lágrimas y timidez.
Ordenaditos como para la foto, iban apurando su paso el tío “Cacho”, la tía Marta, los primos Eduardo, Roxana y creo que mi imaginación agrega hasta un perro en el recuerdo.
Llegaron hasta nosotros, se fundieron en un abrazo los hermanos, los cuñados, los sobrinos, los primos, y toda esa entrecruzada grilla de parentescos que cada uno tenía con el otro.
Al cabo de unos segundos, como intentando no excluirme, se robaron mi cuerpo para fundirlo en ese masacote de cariño, aún sin haber cruzado una palabra.
Me abrazaron y como saludo usaron un sincero “Hola sobrino, bienvenido!!!”
Con la velocidad de un parpadeo, mi ansiedad y dudas por saber como les caería desapareció para mutar en un enorme deseo de conectarme con ellos.
Mis dudas o temores venían de la mano de los comentarios previos de la parte de la familia que me llevaba, que casi como una broma cómplice me habían inculcado nervios desde las semanas previas al viaje, advirtiéndome que con mi aspecto y personalidad, (pelo largo hasta la cintura, ideas renovadoras, gustos diferentes, y una gran dósis de “porteñidad” en mi persona), seguramente me verían como bicho raro.
Adoré que los parientes del campo tuvieran de pacatos y anticuados tanto como yo de “fruncido”.
Su simpatía era típica de la gente que vive en un pueblo o en una ciudad pequeña, su inteligencia acorde a la sabiduría que te da la naturaleza y la educación en un ambiente llano y sin esterotipos, su desparpajo era propio de quien no vive por el que dirán, sino por lo que la vida te tira por delante.
Eran modernos a su manera, tiernos, aún con cierta rudeza, cálidos a pesar de la ingratitud con que el clima año a año los hacia vivir al borde del vértigo que te da la cosecha (una especie de ruleta rusa donde la bala es el granizo, la helada, o alguna enfermedad viral en la hacienda).

Llegamos al campo despues de una recorrida por los parientes de la ciudad, saludando y presentando a los dos hombres nuevos de la familia (mi Jr. y yo).
Nos recibió Jorge, (el primo mayor que se había quedado trabajando un lote de alfalfa), con la comida preparada por las manos de la Nona Rosa, una abuelita de 89 años que tenía mas vitalidad que cualquier cuarentón porteño con credencial de medicina prepaga en su billetera.

Automáticamente después de comer comencé a buscar mi criollo interior, y me subí a un tractor (de acompañante), para arar un lote del campo.
Al cabo de media hora, estaba sentado al volante, bajo la guía del primo Jorge, haciendo el trabajo como si hubiera nacido allí.

Hoy, cuando han pasado muchos años, y con la mamá de mis hijos ya no somos pareja, sino que excelentes amigos, no dejo de recordar esos momentos maravillosos que me permitieron conocer a esa increible parte de su/mi/nuestra familia.
Lo que mas los pinta como son es nuestra última conversación telefónica, donde cada uno de los miembros (ya con varios años de divorciado de mi ex), me reafirmaron casi impetuosamente “Vos sos familia, y nunca va a cambiar eso… acá te queremos todos, y cuando quieras tenes nuestra casa abierta para venir. Solo, con pareja, amigos, como sea… no tenes más que caerte por acá sin mas que tiempo para que comamos varios asados juntos”

Por eso al mirar para atrás y recordar anécdotas con mis hijos sobre aquellos veranos en el campo, traigo a mi mente aromas, sabores, texturas y fantásticos recuerdos de una época donde todo era descubrir.
Tengo pendiente mi viaje a revalidar ese amor que hemos compartido.
Espero que la vida me deje hacerlo a tiempo justo.


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Tengo un amigo, de buena posición (suele sentarse en la silla con la espalda derecha :P ) , quien me contó que ha vacacionado de toda su familia.

Mandó a la mitad a la playa y la otra parte a las montañas.

A todos en lugares all inclusive, y con lo necesario para pasarla V.I.P.

Mi guiño pícaro al enterarme, fue preguntarle sugerentemente en que gastaba su tiempo. (intuyendo salidas nocturnas, o “pirateadas” acordes)

A lo que él respondió,
- “en mi ondulante libertad”

Al no entender a que se refería le pedí que aclare…

- “Mirá, desde que nacieron mis hijos, luego empezaron a caerles primos, amigos, novios/as, no tengo espacio propio en mi casa (me refiero a toda ella,  mas allá de mi estudio), para andar con comodidad.  Y por fín ahora, sin ninguno de ellos pululando, ni mi mujer ni anexos, estoy libre para disfrutar toda la casa”

+ “Ok (le respondo yo), pero decime, a que te referís con ondulante?”

- “Alguna vez anduviste por tu casa haciendo todas las tareas cotidianas, ya sea cocinar, ver tele, prepararte un trago, sentarte en el sillón a leer, usar la caminadora, o lo que sea estando totalmente en bolas?  Bueno… a eso me refiero con *ondulante* libertad”

Me empecé a reir, y ahí entendí que uno sin darse cuenta, en algún momento comienza a perder (o abandonar), esa relación maravillosa con la desnudez, y casi que va perdiendo el deseo de disfrutarla.  Al menos gente como yo (medio pelos de clase media), que nunca han ido a una paradisíaca playa nudista.  Además, no es lo mismo, ya que no te podes rascar la nalga a lo Homero Simpsons, o “dejar ir uno” (si es garantizado que no trae “premio”),  o simplemente acomodar los “amigos” con la naturalidad de no disimular el gesto.

Despues de la charla con él, hice el intento en mi casa, y raramente a los 10′ tenia puesta la bata de toalla (salida de baño), y a los 30′ me vestí para ir al chino a comprar algo y no volví a recuperar mi ondulante libertad.

 

Creo que es hora de reencontrarme con el “andar en bolas”, siempre que sea dentro de las 4 paredes de mi casa, y no en mitad de Cabildo y Juramento.

Debería depilarme el abdomen y las gambas?  (Ja!  ni en pedo)

 

Saludos!


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Un libro de minas?

No…  Es un libro sobre hombres, contado por una (o varias),  minas que es y ha sido Valeria Schapira en su recorrido por la vida.

Pensé que me iba a encontrar con un libro escrito para mujeres a modo de autoayuda, y ahora entiendo porque en la librería figuraba en la sección humor
(no se si tan justamente, porque es mas que eso).

 

Mi primera experiencia con el libro, es básicamente incómoda (el libro, físicamente hablando),  porque ahora que no manejo y no poseo tiempo libre (de calidad), solo puedo leer cuando viajo en tren hacia/desde mi oficina.

Las miradas sobre éste, cuando lo sacaba de la mochila, me provocaban lo que supongo deben sentir las mujeres cuando llevan escote y no dejan de mirarlas, “evitandoles” los ojos.

Cada vez que abría el libro para continuar mi lectura me tomaba el trabajo de ponerlo en una incomoda posición para que la tapa no se viera…
No se si eran celos, o sentía que le violaban la tapa con la mirada, y me resultaba incómodo. (maldigo la hora de no haber comprado la versión e-book)

El libro es inteligente, entretenido, mordaz y hasta un poco culposo para cualquier hombre que haya vivido mas de una relación y pueda identificarse en los ejemplos aquí dados, con partes, o enteros, de estos “muertos” descritos con un lenguaje rico pero al mismo tiempo informal y divertido.losMuertos-back

Hacía bastante tiempo que no leía literatura que no fuera técnica. (algo que debo cambiar, porque es refrescante “emulsionar” la imaginación), y sentí que me premié con este libro que me regaló sonrisas, reflexión, culpa, y hasta un poco de morbo en cierta situaciones contadas.

 

Valeria Schapira ( @valeriaschapira en Twitter ) , me resulta inteligente, sagaz, un poco irónica, un poco feminista (sin perder lo femenino), un muy sutil dejo de machismo cada tanto (como residuo cultural de su infancia supongo), y una excelente narradora de espacios y situaciones.
Es como conversar con alguien en el café, (con muy buena verba), y que se roba la reunión y la atención de todos de a poco, y ya no queres interrumpirla para que siga con los relatos.

El libro me gustó…
No soy un crítico demasiado calificado y supongo que debo acostumbrarme más a leer cosas creativas y con relatos mas literarios que “La teoría de la física quantica” , “Teoría de Las Bases de Datos” , “Ethical Hacking” etc.

En resumen creo que es un libro entretenido, que se te hace corto (eso habla de que te deja con ganas de mas), y podes quedar bien regalándolo tanto a una mujer como a un hombre. (eso sí,  con una fundita para la tapa :P )

Espero haberle hecho justicia con la crítica (se aceptan comentarios)
Pablo        

   


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Hace largo rato que vengo insistiendo en un lugar por demás pintoresco, y que me seduce la armoniosa manera que combinaron la arquitectura colonial con una loza y unas vigas frias pero modernas… coloreado con azules, ladrillos a la vista (antiguos y gastados), y muebles siglo XX medio americanos, medio 80′tosos.

Se trata de Capisci, un restaurante muy bien ubicado (ver enlace), y muy bien ambientado por la hermosa plaza donde se encuentra plantado.

El lugar me seduce en su aspecto, pero tiene muchisimas falencias que me han terminado de convencer a no volver a ir.

Resulta ser que en el menú existen variedades de platos, (agradables e interesantes), y tambien existen los precios (no tan amigables).
Entre estos precios, figura el costo del “laudo” o cubierto, el cual me parece un despropósito debido a lo siguiente:

  1. No te dan panecillos y untables para amenizar la larguísima espera hasta recibir tu orden.
  2. No tienen servilletas de tela para usar, (solo las de cafetería cuadradas y poco absorbentes), resultado? dedos engrasados
  3. No tienen WiFi en el local
  4. Los baños no tienen toallas de papel opcionales, y solo el secamanos de aire caliente
  5. Durante el día (no se  si esto cuenta), no cuidan a los clientes de la invasión de personas que trabajan (organizadamente),  mendigando mesa por mesa rotando cada 15 minutos.
  6. Está lleno de palomas invasoras en su sector abierto (no es su responsabilidad pero es para tomar en cuenta)

Fuera de esto debo decir que la mayoría de los camareros que me atendieron, siempre lo hicieron con amabilidad, respeto y muy buena voluntad. Algunos muy profesionales, y otros algo principiantes, (sin por esto quitarles mérito en su atención)

Los platos son relativamente pequeños en relación a los precios, pero no están mal después de todo (en tamaño).

El menú es algo confuso, debido a que la gente de la cocina del mediodía no tiene el mismo criterio que la de la noche.
Si pides algo al mediodia, y te gustó, al pedirlo a la noche no es el mismo plato (no está servido igual, y no contiene lo mismo)
Para ser honesto debo reconocer que la calidad de la materia prima suele ser buena, pero difiere con la debida preparación que debería tener.
Algo que para ellos es un “Paninni capresse” se trata de un pan figazza semi tostado, con rodajas de tomate criollo (demasiadas),  muzarella amarilla fundida (igual a la de las pizzas),  y nada de albahaca  fresca en julianas o en hojas, sino una especie de pesto sin ajo y abundante aceite mezcla.
(podría seguir si quieren, porque no se salvan las aceitunas con carozos, ni el excesivo pimentón en ciertos platos)

Los vinos son caros en relación a otros lugares

La cerveza es común, pequeña (y cara), o en presentación de 600 ml. (tambien común y cara)

En definitiva, he perdido el deseo de volver (despues de varios intentos fallidos), y siento que no es un lugar para deleitarse, sino que es un lugar al paso que sería justificado si sus precios fueran acorde a la preparación y presentación  ofrecida.

Capisci, acaba de pasar a mi lista gris (espero revertirlo si alguna vez caigo por alli inevitablemente y descubro que han cambiado), sino pasará a mi LISTA NEGRA si lo confirmo una vez más.

 

Saludos a todos y cariños en las barrigas (que es la mejor manera de definir una buena comida)

 

 


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