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Todo eso que te llevaste

¡A vos te hablo!
¡Si… A vos!
Que me trajiste hasta acá para luego abandonarme.
Que me inundaste de un amor que después me arrebataste.
¡Si! Vos.
Que te llevaste mi pasado, mi presente y mis recuerdos.
Mi imaginación creativa… inclusive hasta mi sueños.
Esos de un futuro juntos. Esos que traían nietos.

Y ahora estoy acá.
Parado. Solo… aunque medio acompañado.
Entre telones, y luces que de a poco van callando.
Tratando de decir lo que no sale, y recuperar lo que no queda.
Buscando encontrar nuevas palabras, y digerir nuevas piedras.

No te pido me devuelvas ni mi corazón, ni mi felicidad siquiera.
Te pido que me des mi cuerpo. Ese que ya nadie toca ni besa.
No tengo donde guardar mis dolores, ni donde retratar mis penas.
Te quedaste con mis labios, con mis ojos y mis venas.

Si me lo devolvés, tal vez alguien me sienta,
me mire, me toque, y hasta quizás me quiera.
Pero ahora soy transparente… es como si no me vieran.

Regresa mi cuerpo, que sin querer dejé detrás de la puerta,
escondido en algún cuento, o dentro de alguna alacena.
Perdido entre tus sábanas, o en esa caja perversa,
donde guardas tu “juguete” el que a veces te recuerda,
que aunque fueran pocas las veces
conmigo siempre fueron muy buenas.

Dale… devolvelo
Si a vos ya no te queda.
Está tan triste y de hombros caídos,
que no late entre tus piernas.

Quizas, si después resucita,
cuando se conecte a mis venas.
En un futuro posible,
cuando ya no sienta penas,
Él te busque, él te toque
y tal vez de nuevo te sienta.

Fantasmas y grietas

Caminando noches que sueñan días
dormidos recuerdos, infancias perdidas.
polvorientas veredas de barrio
sonidos mezclados con gritos de niños
Huyendo a la siesta, jugando escondidas

Andamos tan solos
Entre tanta gente
Ya nadie se mira
No hay nadie sonriente.
Las manos vacías
De contacto viviente.

El cálido pulso
Tu abrazo latente
Se logra tan solo
Mirando de frente
Reconocerme vivo
Compartirte sonriente.

Cuántas cosas pasaron
Para matar al vecino
Ignorar al de al lado
Invisibilizar al mendigo
Comprando una deuda
Que vende el destino

Ya no sos quien lo pidió
Y no soy el que perdona
Aire ahogado de pena y tristeza
Tiraron tan fuerte de esa sucia cuerda
Que fue inevitable agrandar la grieta
Contemplar en sangre crecer la pobreza

Ausencia invasora

Campaneando desde lejos
mi propia imagen vacía
en mi abandonada vida,
como si fuera un espejo

Buscando en toda mirada
añorando aquel perfume
Entre miles de personas
Mi memoria está inundada

Hoy me siento bien parido
fuerte, sólido y maduro
El dolor aún me agrieta
Y crea surcos derruidos.

Ausencia, que llena mi cuerpo
Con aires de ahogo caliente
Quema, arde y se torna infame
éste amor que aún no ha muerto

Te recuerdo en cada nota
te dibujo en cada tono
tu canción desesperada
deja mi imaginación rota.

Cambiar zapatos o cambiar el techo…

Mañana soleada, con cierto aire fresco.
Una primavera remolona que no se levantó para ir a su trabajo y lleva semanas de retraso.
Los ojos entrecerrados por el primer sol y el sueño no alcanzado durante la noche que acaba de morir.

El peso de mis temores, mezclado con tres gruesos fajos de billetes, un pasado que grita y patalea abrazado a mis tobillos pidiendo que no lo deje.
Un futuro con vestido, aros y dos incandescentes lumbres azul/verdosas escondidas tras un gesto somnoliento.
Un edificio de planta única cargado de informalidades, donde se maquilla la evasión de impuestos con decoraciones propias de un accidente de tránsito entre el “Trencito de la Alegria” y una caravana fúnebre.

Ahí mismo, en ese lugar embriagado de modales fingidos, sin glamour, sin principios sociales ni voluntad de justicia, estaba a punto de firmar el contrato con mi nueva vida, y la sentencia para una nueva muerte.

“Mr. Algo Propiedades”
La inmobiliaria donde estaba a punto de cerrar el trato del alquiler de mi nueva casa.
Desprolijidades propias de la habitación de un adolescente, un café que solo bebí en algún micro de larga distancia de baja categoría.
Pero ya nada me importaba…  Solo quería concretar el trámite que de forma fallida me venía demorando mis sueños de nacer a una vida desconocida desde hacia 3 semanas.

Comienzan los pasos y se van sucediendo de forma apurada, torpe y ambiciosa.
Me entregan la llave y en ese acto me despido rumbo al nuevo hogar.

Un breve tour a mi compañera de firma, garante, y dueña de mis últimos tiempos sin soledad.
Un silencio de presagios.
Un viaje de regreso untado de conversaciones lejanas iban armando el clima para el último gesto.

De una forma anticipada, premeditada, y hasta caprichosa, ese futuro, ese vestido y esos ojos fueron arrancados de mis sueños.

Un adiós sin tregua ni banderas blancas. Sin abrazo de despedida, sin maletas, sin entender nada.
Me dejó parado en una calle sin final ni comienzo.  En un montón de adoquines apretujados de manera desubicada donde no pertenecían.
Mirando como se alejaba sentí como me desplomaba por dentro.

Se llevó mi futuro próximo, mis sueños cercanos y hasta mi dignidad y el festejo por el nuevo espacio.

Me quedé con la billetera vacía, el corazón desinflado, y las manos húmedas.

Me busqué a mi mismo en ese lugar para tratar de volver en mí. Y ya no había un yo, un mí, un re o un sol.
El silencio mató la música, la noche ocultó la luz y los suspiros se mezclaron con bocanadas de humo y aliento a alcohol.

Así quedé.
Por muchos días… demasiadas noche e interminables domingos.

Sigo buscándome sin saber donde me dejé.  Sigo soplando sobre una llama que no dará fuego ni calor ni luz.
Sigo en mi nueva casa, con los pies descalzos y sin zapatos nuevos.