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De ruedas, rulemanes, piñones y zapatillas…

Desde algún lugar profundo de mi mente, o mis entrañas, nació una necesidad de cambio allá por el 2010.
En la búsqueda de ser mejor para los otros, me perdí…

Y por no bajarme de mi rutina diaria, continué con la dolorosa tarea de ser simplemente yo.

Pero en algún momento, y aún no sé porqué, mis piernas tomaron el control de todo aquello que mi corazón deshilachado perdía como arena entre los dedos.

Allí fué cuando encontré la magia y la libertad reunida en un solo gesto: desplazarme por la vida sobre ruedas y sin polución.

Primero fueron los patines en línea (rollers), después volví a mi antígua novia la bicicleta.
Hoy flirteo como un amante comprometido e insaciable entre ambas.

Después de haber recorrido varios kilómetros de vida, descubrí que recién ahora comenzaba a avanzar hacia algún lado.

Desde mis primeras salidas grupales con otras personas ávidas de libertad, viento en la cara, y deseos casi paganos de divertirse de manera intensa, volví a tener vida social, y un sinnúmero de experiencias divertidas y lejanas a mis desiluciones cotidianas.

Hoy me siento un poco extraño, al “nostalgiarme” de a ratos con momentos pasados, y con momentos aún sin vivir. Pero mi corazón aceptó sublimarse a mis piernas, y mis deseos se aplacaron ante la excitación y la fatiga de recorrer kilómetros de ruta, calle, caminos, veredas, y hasta millas marinas, en pos de trasladarme hacia algún lugar por la vida.  Pero siempre sobre mis ruedas.

Esto debería ser una oda a las ruedas, pero en realidad se trata de agradecerle a todos esos delirantes, amantes de la libertad de andar, por haberme ayudado a reencontrarme con otros sentidos.

¿Soy felíz? No lo sé… pero sé que puedo ser menos infeliz en la medida que yo mismo lo provoque.

Así que desde hoy, comenzaré a construir felicidad y goce andando más en rollers, paseando más en bici, bailando, cantando, teniendo sexo (bueh! eso ya no depende solo de mis piernas, sino de las de alguien más), y hasta permitiéndome ser un mejor yo, pero para mí.  Para recién después compartirlo con otros.

Hagan el intento… no solo transiten por la subsistencia.  Avancen, que allá adelante, en algún punto finito del horizonte, los está esperando su yo… su verdadero yo. Ese que dejaron atado hace algún tiempo, con contratos, compromisos, obligaciones morales, y hasta necesidades innecesarias creadas por el voraz virus del consumo.

Seguro… que cuando se alcancen, habremos de esperarlos muchos más, que como Uds. nos estamos buscando. Y juntos, saldremos a rodar por el mundo con solo una botella de agua y una bolsa de deseos e ilusiones de felicidad y goce, que solo requieren que abramos su envoltorio y la consumamos frescas.

Los espero. O… si Uds. llegan primero, reservenme un lugarcito en el atardecer que no nos pueden mezquinar, porque está ahí para todos nosotros.

Traigan parches, inflador, rulemanes, ruedas extra y reflectivos para la ropa, porque la noche y los baches siempre están ahi, pero si lo recorremos juntos, no podemos quedarnos en el camino.

Los dejo, porque tengo que humedecer mis labios con besos, para hidratar mi cuerpo con goce, y embellecer mi corazón con amaneceres.

 

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