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Ni Barón, ni Caballero, ni Princesa…

Hoy me encontré analizando algunas cosas de mi bitácora mas cercana (y no tanto).
Y finalmente, con cierta ayuda reciente, descubro que de alguna manera he condicionado mi vida por algunos sinos o factores concretos que me tocaron en suerte.
Muchas veces de niño soñé con ser un gran caballero guerrero y triunfal que salvara a un pueblo entero (por encima de mí mismo).
Otras, creyendo en posibilidades mas inocentes o situaciones futiles, supuse que sería una princesa la destinataria de mi proeza.

Ya siendo más grande, aunque no lo suficientemente maduro, termino descubriendo que la realidad de mi vida se basó enteramente en mi propia esencia devenida en genes lastimados y escenarios adversos.

Nunca fuí lo suficientemente sapo para llegar a ser príncipe.
Nunca físicamente fuerte para ser un caballero gladiador.
Mucho menos un atleta, un artista o un hermoso para ser cobijado en el fetiche de algún mecenas de turno, que sin querer fagocitar mi cuerpo y mi juventud me tendiera su mano firme y sus beneficios de poder y riqueza.

Pero…
Si lo analizo desde el espectro real y honesto, no puedo entregarme a la lágrima pueril, o la queja excusadora que justifica mis “no teneres” con mis “no recibires”.

He transitado caminos de piedras, y arroyos de sal con los pies en sangre.
He vivido el dolor, de la mano de la impotencia.
Y aún así… en este recorrido forzado por el aprendizaje y el desarrollo de mi cuerpo, mi mente y mi corazón,
He sido príncipe por un día, gladiador en ciertas noches, barón y caballero en alguno que otro encuentro social de los círculos elitistas de las clases altas,
y en el transcurso me volví hombre, artista, hermoso, político, médico, domador de animales, y hasta bombero de los incendios de otros.

Ahora, siendo rey de mi propia vida, busco donde enterrar mis petates, mi tienda de campaña, y cual líder nomade de su pueblo caminante y conquistador, busco levantar mi brazo y decir, ordenar y convencer a mi pueblo interno que este es el lugar donde convertir mi mangrullo de palos en torre de piedra, mi cantimplora en lago, y a esa compañera que sostenga y encause mi andar y mi confianza en reina de los mil tronos que supe probar con mi cuerpo cansado por tan solo un breve tiempo de paso.

No estoy cansado, no estoy vencido, sino fuerte y convencido.

mis caballos por fín podrán beber del arroyo, comer de sus propios pastos, y por hoy, solo por hoy, sentiré que he llegado.

Mis batallas recientes fueron generosas en los triunfos y las derrotas,

Hubo sangre, y cuerpos en el camino, pero ninguna cicatriz tan profunday todos mi miembros en su lugar.

con todos mis dedos, mi pluma intacta, y mi espada cual espejo, estoy buscando esa porción de tierra que reciba mi hendidura, mi riego y mi florecer nuevo.

Sin tanta mística, ni mitología…

Acá hay unos mates y un fuego para el que quiera detenerse a tirar un pedazo de su historia o un trozo de su carne para asar un buen cuento.

 

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